El Blog de TOCO MADERA

Viaje al Istmo I

hace 1 año 8 meses

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Archivado en Proyecto y etiquetado como Oaxaca San Blas Atempa Tejido Istmo de Tehuantepec .

Ofrenda en San Blas Atempa


Si bien en este espacio tengo libertad absoluta en mis escritos, el blog pertenece a un proyecto más grande y ambicioso, que yo conocí incluso antes de ser un colaborador. Ya lo mencioné en las primeras entradas, el eslogan y el espíritu de este proyecto es “El mundo tal cuál es, o toco madera”. Fiel a ese lema, no hay acciones dentro de Toco Madera que no tengan relación directa con el mundo real. Y por “mundo real” me refiero al de las personas comunes, no a los imaginarios construidos desde los medios, la culura del poder, o desde la simulación.

Esta introducción tiene que ver con que el proyecto busca nutrirse del mundo y fue por ello que la semana pasada fuimos a San Blas Atempa en Oaxaca.

San Blas Atempa se ubica en la zona del Istmo de Tehuantepec. El Istmo es una región del país que si bien todos relacionamos con el estado de Oaxaca, pertenece también a otros estados: Chiapas, Tabasco y Veracruz, y se caracteríza por una razón muy concreta. Es la región donde los oceanos que rodeal al territorio nacional están más cerca. Es decir, es la parte más angosta, una especie de cintura de la república, que dicho sea de paso, jugó un papel estratégico en los conflictos político-bélicos de México en el siglo XIX.

Yo lo tengo muy presente porque el tema me apasionaba en la adolescencia (y por ello siempre quise conocer el Istmo), por un momento de la historia que me parecía muy interesante, la firma del Tratado McClane-Ocampo. La anécdota es tan buena que espero usarla pronto en una entrada ex profeso, pero a manera de recordatorio, lo escribo: es el momento de la Guerra de Refoma en que el bando liberal, encabezado por Benito Juárez, pactó con el gobierno norteamericano para abrir un canal entre el Oceáno Pacífico y el Atlántico (como hoy día es el Canal de Panamá), donde los norteamericanos tendrían libre tránsito a perpetuidad, todo, a cambio de apoyo económico y político para el gobierno de Juárez en contra del bando conservador.

Pues bien, a esa zona nos dirigimos vía terrestre, y llegamos, como mencioné en la entrada anterior, el martes 1º de noviembre por la tarde.

El objetivo era hacer un documental sobre un grupo de mujeres zapotecas que bordan tejidos tradicionales. Nuestra visita coincidió con dos cosas, la celebración del día de muertos y el cumpleaños número 50 de una de ellas. Estos temas se podrán apreciar en el documental que en breve estará listo.

Nuestra visita era de varios días, pero, al tener qué hacer un levantamiento de imágenes, testimónios y registros de la realidad, teníamos que aprovechar el tiempo. Así, comenzamos nuestro primer día de actividades a las 05:00 horas en un lugar donde Celia (nuestra anfitriona y próxima cumpleañera) nos citó.

Preparación de tamales para el rosario


El lugar era una casa donde habría un rosario por el descanso de una mujer que había fallecido recientemente. Por supuesto, dentro de la casa había una ofrenda en su honor, ante ella se harían las oraciones y posteriormente, todas las asistentes (porque en esta, como en otras actividades, sólo participan las mujeres), desayunarían tamales y atole hechos para la ocasión.

Para nosotros, ajenos al lugar y sus costumbres, comenzar la jornada a esa hora nos parecía extraordinario. Era muy temprano para nosotros. Sin embargo, ellas tenían trabajando toda la noche, ayudando en distintas actividades de la preparación. Antes del rosario y de los tamales se sirvió un primer desayuno, poco antes de las 06. Al término de ese primer desayuno se invitó a las presentes a participar en el rosario. Como mencioné en la entrada anterior, el 2 de noviembre se celebra a los “muertos viejitos”, y la ofrenda de la casa era dedicada a una señora que recién había muerto.

Como toda persona educada en la religión católica, he acudido a un sinfin de rosarios y esperaba ser testigo de uno similar. No fue así. Casi para terminar, las familiares de la persona que falleció meses atrás se dirigían a la persona muerta, llorando y exclamando su dolor por la partida. No de manera descreta, sino todo lo contrario. Por supuesto se trataba de un ejercicio de catársis emotivo y por momentos desgarrador. Según me explicaron, los difuntos necesitan escuchar los llantos de sus deudos para así, llegar a la ofrenda, y por eso la intensidad en el rito.

Al término del rosario se repartieron los tamales, siete para cada mujer que colaboró en su preparación y que participó en las oraciones, así como dos litros de atole para cada una. Todo esto, cada una lo llevaría a su casa.

Posterior al rito, levantamos imágenes del tema por el que originalmente hicimos el viaje: los tejidos. De lo que hablaré en otra entrega.

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